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08 de septiembre de 2014

Cada vez es más frecuente la llegada al arsenal terapéutico de medicamentos más sofisticados, basados en el mayor conocimiento de las bases moleculares de las enfermedades y dirigidos de forma muy específica y selectiva a grupos muy concretos de pacientes. El uso de muchos de estos fármacos está supeditado a biomarcadores que permiten predecir qué pacientes se podrían beneficiar de esta terapia.

La rigurosa estratificación de pacientes es una eficaz herramienta de gestión que, además de evitar costes innecesarios, fracasos terapéuticos y efectos adversos no deseados, consigue predecir de forma muy certera futuros escenarios presupuestarios para los sistemas sanitarios. Sin embargo, el Sistema Nacional de Salud tiene todavía algunos puntos de mejora en la gestión de las nuevas terapias.

Nuestro sistema asistencial gestiona cada año varios miles de millones de datos integrados en las historias clínicas y órdenes de dispensación. Sin embargo, todavía se obvia esta información de forma agregada, que permitiría disponer de registros de pacientes por patologías y además medir los efectos y resultados de la farmacoterapia en la salud de los pacientes.

El sistema acumula un ingente volumen de información "bruta" que, en gran medida, no está normalizada, estandarizada o validada para poder agregar datos anónimos y cuantificar, medir, comparar y, en definitiva, conocer mejor su funcionamiento, detectar bolsas de ineficiencia y planificar de forma más consistente la asignación de recursos, que lamentablemente siempre son y serán escasos.

En definitiva, se trata de que ese gran volumen de información "bruta" se transforme con la metodología apropiada en información "inteligente". Esto permitirá validar con datos reales de la práctica clínica la incorporación de nuevas terapias, disponer de más criterio para discriminar la innovación y aplicar los recursos allí donde existe un mayor beneficio para el paciente. También se dispondría de la información adecuada para tomar decisiones de desinversión allí donde se detecten bolsas de ineficiencia o asignaciones económicas que no están correlacionadas con los resultados esperados.

Si no avanzamos en esta dirección, no será posible gestionar el acceso de los pacientes a las nuevas terapias de relevante impacto presupuestario. Todos somos parte del SNS y todos tenemos la obligación de ayudar al Sistema a avanzar en esta línea. Si queremos que las prestaciones y servicios sigan avanzando al ritmo que impone la innovación, éste es un camino sin retorno.



Autor

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Federico Plaza

Responsable de área de Government Affairs en Roche Farma España. Licenciado en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid.

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